Tlayacapan, Morelos, 8 de abril de 2026. La violencia volvió a golpear a la población trans en México. Sabrina Loza, una mujer trans, fue asesinada a balazos en el bar “El Jacalito”, ubicado en la colonia Las Vivianas, sobre la carretera Yautepec–Tlayacapan, en Morelos. Reportes de medios locales y nacionales coinciden en que hombres armados arribaron al lugar y dispararon contra ella antes de huir, presuntamente en motocicleta.

De acuerdo con la cobertura disponible, el ataque ocurrió la noche del lunes 7 de abril. Paramédicos y cuerpos de seguridad acudieron al sitio, pero Sabrina ya no contaba con signos vitales. La escena fue resguardada por policías mientras personal pericial realizaba las diligencias y el levantamiento del cuerpo. 

El asesinato no ocurrió en un vacío. Ese mismo día, Tlayacapan vivió otras agresiones armadas, entre ellas un ataque contra una clínica privada donde fue dejado un mensaje presuntamente relacionado con cobro de piso. Medios locales reportaron que en ese hecho se exigía a los propietarios contactar a un número para “negociar” su seguridad, mientras otra agresión armada dejó más personas muertas y heridas en el municipio. 

Sin embargo, hasta ahora no hay información pública confirmada por autoridades que establezca que el asesinato de Sabrina fue consecuencia directa de cobro de piso, ni tampoco que valide versiones difundidas en redes o publicaciones que buscan vincularla con armas o actividades delictivas. hasta ahora las autoridades no habían determinado si el crimen derivó de extorsión, riña o crimen de odio.

Ese punto es central. En México, cuando una mujer trans es asesinada, con demasiada frecuencia aparecen rumores, insinuaciones o frases estigmatizantes —como que “ella se lo busco”— que operan como mecanismos de criminalización póstuma y revictimización . Es una práctica conocida: se siembra sospecha sobre la víctima para restarle gravedad al crimen y diluir la exigencia de justicia. Sin una investigación seria, pruebas oficiales y debido proceso, repetir esas versiones no informa: revictimiza.

Nombrar correctamente a Sabrina como mujer trans no es un detalle menor. Es parte mínima del respeto que le deben los medios, las autoridades y la sociedad. También lo es exigir que el caso sea investigado con debida diligencia, bajo perspectiva de género, diversidad sexual y derechos humanos, contemplando tanto la posible línea de transfeminicidio como cualquier otra hipótesis criminal sustentada con evidencia, no con rumores. La propia cobertura local ha dado cuenta de que colectivos y activistas LGBT+ en Morelos ya exigen justicia. 

Lo ocurrido con Sabrina evidencia dos realidades brutales que se cruzan: por un lado, la expansión de la violencia armada y la extorsión en Morelos; por el otro, la histórica vulnerabilidad de las mujeres trans frente a crímenes marcados por odio, impunidad y sensacionalismo. Cuando el entorno está atravesado por economías criminales, ausencia estatal y discursos de desprecio hacia las identidades trans, el resultado suele ser el mismo: vidas precarizadas, asesinadas y luego manchadas por la sospecha.

La exigencia debe ser clara: investigación exhaustiva, identificación y captura de los responsables, y alto a la revictimización mediática. Sabrina no puede convertirse en otra cifra más ni en otro caso deformado por el morbo. Su asesinato merece verdad, justicia y un tratamiento informativo digno

por Jazz Bustamante

Jazz Bustamante es una mujer transgenero Mexicana radicada en Canada, activista social en temas de sexualidad,Género,Medio ambiente,periodista digital,fue servidora publica estatal y nacional,impulsora de las causales agravantes en los crimenes de odio en veracruz y la republica,actualmente colabora con algunas organizaciones LGBTIQ+ y migrantes en Canadá.

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