México no puede seguir maquillando la violencia con discursos de inclusión. Mientras cada junio las instituciones se pintan de arcoíris, en las calles, en los hogares, en los hoteles, en las carreteras y en los espacios de trabajo siguen apareciendo cuerpos de personas LGBT+ asesinadas con saña, con odio y con una prevalente impunidad.

El informe El impacto de la violencia por prejuicio. Homicidios de personas LGBT+ en México 2025, elaborado por Letra S, Sida, Cultura y Vida Cotidiana A.C., documenta que durante 2025 al menos 60 personas LGBT+ fueron asesinadas en México por motivos presuntamente relacionados con su orientación sexual, identidad o expresión de género.

Aunque el informe señala una aparente disminución respecto a años anteriores, esa lectura no puede tomarse como una victoria. En un país sin un registro oficial nacional sobre homicidios de personas LGBT+, donde muchas fiscalías siguen negando el componente de odio, donde las familias callan por miedo y donde los medios locales muchas veces no nombran a las víctimas como parte de la diversidad sexual y de género, cualquier “disminución” debe leerse con cuidado. No estamos ante un país más seguro: estamos ante un país que sigue sin contar bien a sus muertas, muertos y desaparecides.

Mujeres trans: el rostro más brutal de la violencia por prejuicio

De las 60 víctimas registradas en 2025, 35 fueron mujeres trans, lo que representa 58.3% del total de los casos. Es decir, más de la mitad de las personas LGBT+ asesinadas en México durante ese año fueron mujeres trans.

El dato es devastador, pero no sorprende. Las mujeres trans hemos sido colocadas históricamente en los márgenes: expulsadas de la familia, de la escuela, del empleo formal, de los servicios de salud, de la vivienda y muchas veces también de la justicia. El informe calcula una tasa de 23.7 homicidios por cada 100 mil mujeres trans, una cifra 10 veces mayor que la tasa registrada para mujeres cis.

Esto no es casualidad. Es el resultado de un país que permite que los discursos antiderechos, religiosos, conservadores y transfóbicos se conviertan en pedagogía social del odio. Primero nos niegan la identidad, después nos niegan el trabajo, luego nos niegan la justicia y finalmente nos matan.

La violencia contra las mujeres trans también muestra patrones muy claros: varios cuerpos fueron encontrados en la vía pública, terrenos baldíos, lugares de trabajo, estéticas, bares o establecimientos comerciales. En muchos casos, la violencia no sólo busca asesinar: busca enviar un mensaje de terror a toda una comunidad.

Hombres gays: asesinatos que persisten a pesar de los años

El informe también revela una realidad que no debe quedar sepultada bajo otras cifras: los asesinatos de hombres gays siguen presentes en México, año tras año.

En 2025 fueron documentados 19 homicidios de hombres gay u homosexuales, equivalentes al 31.6% del total de los casos. El propio informe señala que, aunque el porcentaje parece mayor que en 2024, la cifra absoluta se mantiene en 19 casos, lo que muestra una persistencia dolorosa: los hombres gays siguen siendo asesinados en México por prejuicio, por odio, por homofobia y por una violencia que no desapareció con el matrimonio igualitario ni con las campañas institucionales de diversidad.

Uno de los patrones más preocupantes es que varios de estos crímenes ocurren dentro del domicilio de las víctimas. El hogar, que debería ser un espacio de protección, aparece nuevamente como escenario de violencia. En los asesinatos de hombres gays, el informe identifica que prevalece el domicilio como lugar de ocurrencia de los hechos, con 9 casos registrados.

Esta violencia habla de una homofobia que no siempre grita en la calle, pero que entra a los espacios íntimos, a los encuentros, a los vínculos, a los silencios familiares y a las relaciones atravesadas por la clandestinidad impuesta. En México, todavía hay hombres gays asesinados por existir, por amar, por encontrarse, por vivir su deseo en un país que sigue castigando la diferencia.

Ciudad de México y estados pequeños: la violencia y su prevalencia.

Durante 2025, al menos 17 entidades del país registraron algún asesinato de personas LGBT+. Puebla encabezó la lista con 7 casos, seguida por Veracruz y Guanajuato con 6 cada una; Baja California Norte y Jalisco registraron 5 respectivamente. Sin embargo, el informe también muestra una alerta territorial que no debe minimizarse: la violencia aparece en estados grandes, medianos y pequeños, y también en la Ciudad de México.

La Ciudad de México, que durante años ha sido presentada como una supuesta capital de derechos, aparece con 4 asesinatos de personas LGBT+ en el mapa del informe. Este dato debe leerse con toda seriedad. CDMX no puede seguir vendiéndose como ciudad progresista mientras las personas LGBT+ siguen siendo asesinadas, violentadas o revictimizadas por instituciones que muchas veces no investigan con perspectiva de diversidad sexual, identidad de género y prejuicio.

La capital del país tiene leyes, discursos, marchas masivas, dependencias especializadas y campañas públicas. Pero los derechos en papel no salvan vidas si las fiscalías no investigan, si la policía no protege, si los jueces reproducen prejuicios y si el Estado no genera políticas reales de prevención.

También resulta alarmante que entidades más pequeñas o con menor visibilidad mediática aparezcan en el registro nacional. Estados como Colima, Morelos, Guerrero, Oaxaca, Tabasco, Sinaloa, Chihuahua, Michoacán, Nuevo León y Estado de México forman parte del mapa de la violencia. Que algunas entidades registren “pocos casos” no significa que el problema sea menor. En estados con menor cobertura periodística, menor presencia de organizaciones LGBT+ o más miedo a denunciar, el subregistro puede ser enorme.

En otras palabras: donde no hay datos, no necesariamente hay seguridad. Muchas veces hay silencio.

Junio, el mes del orgullo, fue también el mes más violento

Uno de los datos más crueles del informe es que junio, el mes del Orgullo LGBT+, fue el mes más violento de 2025, con al menos 12 asesinatos: 7 mujeres trans, 4 hombres gay y un caso reportado solamente como LGBT+.

Esto debe cimbrar a todo el movimiento. Mientras miles salimos a las calles a celebrar la memoria, la resistencia y los derechos conquistados, también se intensifica la exposición pública de nuestras identidades. Y en un país donde el odio sigue circulando con total impunidad, la visibilidad también puede convertirse en riesgo.

No se trata de pedirnos silencio. Se trata de exigir que el Estado entienda que la visibilidad LGBT+ requiere garantías de vida, seguridad, justicia y reparación.

La impunidad también mata

El informe señala que de los 60 casos registrados en 2025, sólo en 15 se identificó a presuntos responsables. Además, únicamente en 14 homicidios se informó alguna línea oficial de investigación, y apenas 5 fueron abordados como posibles crímenes de odio.

Esto es gravísimo. Si las fiscalías no investigan el prejuicio, el prejuicio desaparece del expediente. Si la identidad de género o la orientación sexual de la víctima no se consideran líneas de investigación, el crimen queda reducido a una estadística más. Y si las instituciones no nombran el odio, terminan protegiéndolo.

Más preocupante aún: en los asesinatos de mujeres trans, el informe señala que las líneas de investigación con perspectiva de género fueron prácticamente nulas durante 2025. En años anteriores algunos casos fueron investigados como feminicidios o con protocolos de género y diversidad sexual; en 2025, esa tendencia retrocedió.

México no sólo tiene un problema de violencia. Tiene un problema de justicia selectiva.

No son cifras: son vidas arrebatadas

Cada número en este informe representa una vida: una mujer trans, un hombre gay, una persona LGBT+ que tenía nombre, historia, afectos, sueños y derecho a existir.

No podemos permitir que los crímenes de odio sean tratados como hechos aislados, notas rojas o daños colaterales de la violencia generalizada. La violencia contra personas LGBT+ tiene patrones específicos: saña, exposición de cuerpos, uso de armas de fuego, múltiples agresores, tortura, mensajes de odio, violencia sexual, desaparición previa y revictimización institucional.

El informe documenta que en al menos 21 casos participaron dos o más agresores, incluso grupos de tres o cuatro personas. También registra casos con múltiples heridas, cuerpos atados de pies y manos, y señales de brutalidad extrema. Esto no es sólo violencia homicida: es violencia ejemplarizante, violencia que busca disciplinar a toda una comunidad.

Exigimos registro oficial, investigación y justicia

Desde el activismo LGBT+, trans y no binarie, la exigencia es clara:

México necesita un registro nacional oficial de crímenes contra personas LGBT+; fiscalías capacitadas y obligadas a investigar con perspectiva de orientación sexual, identidad y expresión de género; protocolos homologados que no se queden en papel; reparación integral para familias y comunidades; protección para defensoras y defensores de derechos humanos; y políticas públicas que atiendan la precarización estructural de las personas trans.

También es urgente que los estados reconozcan el transfeminicidio, fortalezcan la tipificación de crímenes de odio y dejen de usar nuestros derechos como moneda de cambio política.

Porque mientras el Estado presume avances, nuestras comunidades siguen enterrando compañeras, amigos, hermanes y defensoras.

La memoria LGBT+ no puede seguir siendo una lista de nombres asesinados. La justicia no puede depender de la presión mediática. Y la vida de una mujer trans, de un hombre gay, de una persona lesbiana, bisexual, muxe, no binarie o diversa no puede valer menos ante las fiscalías.

México nos debe verdad. México nos debe justicia. México nos debe vida.

por Jazz Bustamante

Jazz Bustamante es una mujer transgenero Mexicana radicada en Canada, activista social en temas de sexualidad,Género,Medio ambiente,periodista digital,fue servidora publica estatal y nacional,impulsora de las causales agravantes en los crimenes de odio en veracruz y la republica,actualmente colabora con algunas organizaciones LGBTIQ+ y migrantes en Canadá.

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