La angustia de la legitimidad.A Sam, gracias por haber vivido.

Alguna vez existió en este plano un amigo muy querido a quién, por ignorancia no supe comprender, se suicidó.
ÉL no quería no morir, ahora puedo darle un sentido, quizá erróneo, pero no creo que sea el caso, se dice de forma generalizada que la vida se vive para adelante y se entiende para atrás, él quería ser entendido, aceptado, nombrado. Éramos jóvenes del club de los 20’s.
Había mucho estigma sobre el tema trans en ese momento, llegó a la cafetería en la que me encontraba trabajando, un negocio dirigido a la comunidad, una comunidad en qué aquel entonces ya había crecido con el fantasma de los homicidios causados por Patrocinio Garrido.
Mujeres trans eran el blanco, de los hombres ni siquiera se hablaba o nombraba su existencia. Cadáveres se acumularon junto a los expedientes. Éramos una comunidad en una ciudad que no nombraba la nota roja, no existíamos.
En ese momento, mi ignorancia prevaleció y el miedo social alimento mis miedos internos, pero él no lo sabía, él creía que yo sabía algo de la vida porque a su percepción era alguien que “leía mucho”, nada más alejado de alguna veracidad.
Llegó con su novia buscando un consejo, me creía lo suficientemente madura para aconsejar solo porque creía tener herramientas, que estúpide fui. Me faltaba media vida para entender, y mucho, mucho, más que experimentar en carne.
Ese día, Sam no encontró a una amigue que lo pudiera comprender, quería ser neutral, y aun así, mi supuesta objetividad estaba marcada por los prejuicios, ellos tendrían que haber decidido por su pie, orientarse con herramientas profesionales, pero, dónde habito no se habla de atención psicológica sin estigmatización a la fecha.
Apenas estamos tocando el tema de atención psicológica de una manera generalizada y un tema de sobremesa, tenemos los prejuicios de hace 50 años. Y ese día, frente a mis amigos, vaya que me atravesaron. Los escuché, hablé, escucharon de vuelta, y parecía existir un acuerdo, un razonamiento “lógico”.


Un tiempo después, Sam toma la línea de su casa, llama a la mía, hablamos de la vida, de ser valientes, de tratar de “ser alguien”… Nos veríamos al día siguiente, ese día yo no podía, estaba muy cansada de trabajar, horarios extenuantes, explotación laboral, todo me demolió, después de eso el día siguiente nunca llegó.
En el funeral, llegué con un pie aún sanando de una fractura, se veía guapísimo, incluso vestido y maquillado con una identidad que no le correspondía, ustedes creerán que nadie respeto su identidad, pero lo cierto es que solo se lo dijo a una persona, a nadie más en su contexto pudo expresar quién era, sintió nuestro rechazo a su realidad, proveniente de nuestra propia ignorancia contextual, no pudimos darle soporte a su existir, y hoy lo sigo lamentando tanto.
Los años pasaron, nos enteramos de la realidad de nuestro buen amigo tiempo después, se me cayó la realidad, no podía procesar la realidad, me negué a creerlo, mi mente me protegía de la inexorable culpa.
A Sam lo mantengo en mi memoria, y por eso hoy cuento nuestra historia, emprendí el camino al feminismo, la deconstrucción que no te deconstruye, a la resignificación que no te salva, a la salvación que no ayuda, al entendimiento que duele y alivia, poco a poco, curso tras curso, espacio trans-espacio, charla trans-charla, pude entender el contexto que nos envolvía y poder perdonarme. .
No es justificación, pero hacer lo que podemos en el momento que ocurre es una justa creencia.
Hoy entiendo que a Sam y a mí, nos atravesaban, además de nuestra realidad individual, una realidad conjunta y la realidad colectiva, más otras realidades que dan forma a las primeras, otros círculos, otros contextos, generaron en él la constante angustia de la legitimidad, socialmente lo que no aceptamos no existe.
Ya no basta nombrarlo.

Esta realidad nos habita con la crecía en la idea de qué, encontrar, construir, habitar y nombrar una identidad, defenderla, sostenerla y dar paso a los años para su determinación es cosa de una sola persona; la consciencia y años de experiencia, la determinación en comprender me llevó a entender-comprender que ninguna legitimidad se puede sostener sola, ninguna realidad existe sin la de los demás.
La otredad es en sí otro YO.
Uno termina notando el efecto en nuestro cuerpo, mente, espacio de vida, del rechazo social, nos aislamos, nos transformamos apagando nuestros sentidos, el cortisol, y la baja dopamina y enforfinas se combinan para crear escenarios durísimos de sobrellevar, alimentados por la vena del cis-tema, por ello es necesario comprender que la realidad es un efecto de nuestra mente, tanto de forma individual como colectiva, legitimar al otro no significa carecer de una propia legitimidad, significa darle validación a su sentido del SER.
Para que esa identidad tenga validez necesitamos la mirada del otro.
Pero ¿qué ocurre cuando las miradas no se adecuan a la respuesta de aceptación que debería existir hacia cada identidad? Se limita la exploración de nuestro sentido de existencia, no podemos negar lo que somos, pero el otro sí puede sostener su negación basado en sus propias realidades, prejuicios y sesgos.
Sino somos capaces de poder explorar, cambiar, modificar, nuestra propia identidad y realidad, entonces carece de sentido la propia vida, sin legitimidad nos habita una constante crisis existencial, al no existir una aceptación del entorno el rechazo habita de forma constante y la narración interna se convierte en la necesidad de ser aceptado.
El hermose sistema que posees-poseemos, habitamos y compartimos no existe en la individualidad, es hermose comprender nuestras profundas conexiones.

Hasta la próxima.
Víctor_SolaRo

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por Victor SolaRo

Víctor_SolaRo, nace en Chiapas, habita en Comitán de Domínguez, se licenció formalmente en MKT y Publicidad, es escritore aficionado, autodidacta, afrodescendiente de género fluido, aspira a verse como en la foto.

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