La mujer trans, su mamá grillera y el nepotismo que Morena prometió erradicar
Cuando el discurso anticorrupción se convierte en herencia familiar dentro del ayuntamiento de Veracruz.
Columna de opinión
La actual alcaldesa de Veracruz, México, Rosa María Hernández Espejo, fue en su momento una de las voces más críticas contra el nepotismo y la corrupción de las administraciones panistas. Y hay que decirlo claro: nadie sensato defendería al PAN, porque su historial de corrupción y nepotismo es ampliamente conocido.
Pero esa corrupción no se esfumó con la llegada de Morena y mucho menos con Rosa María al poder. Por el contrario, se reinstaló, reciclando lo peor del PRI, del PAN y los pagos políticos a la base morenista, esos mismos operadores que hacen reuniones seccionales y cada dos semanas reparten el periódico propagandístico como moneda de cambio.
Ahora voy a mencionar a una de esas figuras que en el PRI solían llamar “vacas sagradas” y que hoy, bajo Morena, operan de manera muy similar. En los fraccionamientos de Río Medio, en el puerto de Veracruz, es conocida Dolores Hernández Sarmiento, una grillera de base que desde que probó un poco de poder en las asambleas de Casas Tamsa, cuando Morena apenas iniciaba en el estado, ya no quiso soltarlo.
Y no hablo por hablar. Estos ojos la vieron. Tuve la mala suerte de asistir a varias de esas asambleas fundacionales de lo que hoy es Morena en Casas Tamsa, Veracruz.
Sigamos con Dolores Hernández, quien fungió como porro de Morena y fue regidora séptima en el periodo pasado, cuando aún gobernaba el panismo yunista y sus “princesas de Disney”. Esta señora no tiene llenadera.
Es madre de Maddie Hernández, una persona conocida en las asambleas de Morena únicamente por asumirse como mujer trans, después de haber sido el juguete sexual de Gonzalo Iván Chincoya, hoy autodenominado “Ki Chincoya”, el diputado fake al que en su momento denuncié por falta de ética y corrupción.
Maddie Hernández sostuvo relaciones sexuales con Ki Chincoya cuando era menor de edad (14 años), mientras él superaba los 30 años. Y ustedes dirán: ¿y eso qué tiene que ver con este drama político?
Tiene que ver, y mucho. Porque si una madre permite que su hijo que hoy es hija esté con una persona que le duplicaba la edad mientras ella se dedicaba a su grilla política, significa que no tiene ni ética ni principios. Aquí y en China eso es abuso sexual. Y en su cara. Pero ¿qué creen? Hasta foto hay de ella con quien fue su yerno.
- El porro de Morena, Dolores Hernández Sarmiento, no se quedó sin premio en la nueva administración. Fue nombrada Directora de Salud y Protección Animal, en el mismo gobierno donde Rosa María Hernández Espejo usó como eslogan de campaña el combate a la corrupción y al nepotismo.
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Dolores Hernández se vende como hábil operadora política, pero en realidad solo sabe grillar. Logró colocar a su hija Maddie Hernández en las planillas de las elecciones pasadas como diputada suplente de Bertha Ahued Malpica.
Maddie Hernández, hija de Dolores Hernández, se asume como mujer trans, reparte el periódico Regeneración y viste el traje guinda de Morena. Más allá de eso, no tiene experiencia alguna en justicia, sexualidad integral, políticas públicas o no discriminación.
- La actual alcaldesa del puerto de Veracruz otorgó a Maddie Hernández el nombramiento de Coordinadora de temas LGBTIQ+ sin contar con experiencia comprobable, profesional o laboral, en justicia, sexualidad integral, políticas públicas, inclusión social o transversalidad.
- La madre en una dirección y la hija en una coordinación. Todo dentro del ayuntamiento que prometió erradicar la corrupción y el nepotismo que tanto criticaron de los Yunes. Resultaron tantito peores.
¿Por qué es importante señalar estas inconsistencias de la alcaldesa Rosa María Hernández Espejo? Porque le vendió a la ciudadanía un supuesto modelo de gobernanza distinto: honesto, ético y ajeno a las prácticas del pasado.
Señaló una y otra vez el nepotismo de los Yunes y de familias panistas y priistas. Hoy, sin embargo, reproduce las mismas prácticas, solo que con apellido propio y color guinda. Cambió el partido, pero el fondo estructural de la corrupción sigue intacto: antes PAN, hoy Morena.
El problema no es solo que las personas aquí mencionadas no tengan el perfil especializado para los cargos que ocupan. El problema es que tampoco cuentan con experiencia laboral mínima en las áreas que dirigen.
Que Dolores tenga perros o gatos en su casa, o que sea “amorosa” con ellos, no la convierte en veterinaria, zootecnista ni experta en protección animal o medio ambiente.
Que Maddie Hernández se asuma como mujer trans no la convierte automáticamente en experta en género, derechos humanos o políticas públicas LGBTIQ+, ni mucho menos en una lideresa con trayectoria comprobada en la defensa de estos derechos.
Estamos hablando del puerto de Veracruz, la ciudad más importante del estado, con una deuda histórica brutal en materia de discriminación y crímenes de odio contra personas de las disidencias sexuales. Los nombramientos de Rosa María Hernández a primas, amigas y “las otras Hernández” son una burla para la ciudadanía veracruzana.
La incongruencia es evidente desde el inicio y el panorama pinta muy mal. Morena prometió un cambio y terminó administrando el mismo lodo, solo que con otro color.
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