Cancún, Quintana Roo, 3 de abril de 2026. Una mujer trans asesinada en motel, su identidad continúa en resguardo tras protocolos de investigación.

El asesinato de una mujer trans dentro del hotel Cedro, ubicado en la supermanzana 23, en el centro de Cancún, De acuerdo con la cobertura local, la víctima fue hallada sin vida la tarde del jueves 3 de abril en la habitación 7 del hotel, luego de que trabajadores del lugar reportaran al 911 que no respondía. Al ingresar, policías y bomberos encontraron su cuerpo cubierto con sábanas y con una herida grave en el cuello. Medios de Quintana Roo reportaron además que el caso comenzó a ser investigado con perspectiva de género, debido a que la víctima era una mujer trans.

Los reportes periodísticos coinciden en que la habitación habría sido ocupada por dos personas y que el acompañante de la víctima salió horas antes del hallazgo. También señalan que las autoridades analizaban cámaras de videovigilancia del hotel y de los alrededores, incluida la zona cercana a la avenida Tulum, para tratar de ubicar al presunto responsable. Hasta el momento de esas publicaciones, no se informaban detenciones ni un móvil plenamente confirmado. 

Que el caso se investigue bajo protocolo de feminicidio o con perspectiva de género importa. Pero no alcanza. No basta con activar el lenguaje correcto cuando una mujer trans ya fue asesinada. Lo verdaderamente urgente es reconocer que estos crímenes se incuban en contextos de exclusión, precariedad, discriminación, violencia social y abandono institucional. La discusión no puede quedarse en la escena del crimen; tiene que avanzar hacia las condiciones que siguen empujando a muchas mujeres trans a espacios de máxima vulnerabilidad y mínima protección.

La gravedad del caso también exige algo básico pero todavía pendiente en gran parte del país: investigar sin borrar la identidad de la víctima, sin lenguaje revictimizante y con debida diligencia reforzada. Organismos e instituciones especializadas han insistido en que, en las muertes violentas de mujeres trans y personas dentro del espectro femenino, las autoridades deben garantizar el respeto al nombre, género e identidad de la víctima, además de recabar indicios de violencia por prejuicio, transfobia o transmisoginia. Ese estándar no debería depender del estado, del criterio individual de un agente ministerial ni de la presión mediática del caso. 

México cerró 2024 con al menos 80 asesinatos de personas LGBT+, de los cuales 55 correspondieron a mujeres trans, la cifra más alta de los últimos tres años documentados por Letra S. Ese mismo registro advierte que la tasa estimada de homicidios de mujeres trans en el país fue de 37.1 por cada 100 mil, siete veces por encima de la tasa de homicidios de mujeres cis reportada por INEGI para 2023. Y aun así, el propio informe aclara que existe una “caja negra” de casos no ventilados por medios o no registrados adecuadamente por los sistemas de justicia, lo que sugiere que la violencia real podría ser todavía mayor.

Por eso el asesinato de una mujer trans en Cancún debe leerse como casos recurrentes y episodios de violencia urbana. Es parte de un patrón nacional donde las vidas trans siguen siendo más expuestas y menos protegidas. Nombrar correctamente el delito es importante, sí. Pero prevenir la violencia, desmantelar la impunidad y garantizar justicia efectiva importa más. La exigencia sigue siendo la misma: investigación exhaustiva, sanción a los responsables, respeto absoluto a la identidad de la víctima y políticas reales de prevención para que las mujeres trans no sigan siendo asesinadas mientras el Estado apenas reacciona cuando ya es demasiado tarde

por Jazz Bustamante

Jazz Bustamante es una mujer transgenero Mexicana radicada en Canada, activista social en temas de sexualidad,Género,Medio ambiente,periodista digital,fue servidora publica estatal y nacional,impulsora de las causales agravantes en los crimenes de odio en veracruz y la republica,actualmente colabora con algunas organizaciones LGBTIQ+ y migrantes en Canadá.

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